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13/6/20

6 efectos del maltrato psicológico en nuestra mente y emociones que debes conocer [13-6-20]

6 efectos del maltrato psicológico en nuestra mente y emociones que debes conocer

6 efectos del maltrato psicológico en nuestra mente y emociones que debes conocer

Una de las peores cosas que nos puede ocurrir es pensar que somos nosotros los culpables de ese maltrato psicológico al que estamos sometidos. Nadie tiene derecho a vulnerar nuestra persona

mejorconsalud.com

Los efectos del maltrato físico son fáciles de ver, e incluso de valorar. Nadie puede esconder un brazo roto, un ojo morado, una quemadura, un labio hinchado, un golpe en la piel…

Sin embargo, cuando hablamos de abuso psicológico, de manipulación, maltrato y de agresión emocional, la cosa cambia.

No se puede objetivar, ni ver a simple vista, ni radiografiar.

Es tal la complejidad, tal el impacto invisible que deja, que la víctima se ve muchas veces incapacitada a la hora de pedir ayuda.

¿Cómo explicarlo, cómo esperar que me crean si lo que duele es la autoestima, es la propia identidad y todo nuestro ser más íntimo y privado?

No es fácil. No lo es tampoco porque, muchas veces, no existen mecanismos adecuados para que la mujer o el hombre que padece este abuso pueda dar el paso y atreverse a denunciar su realidad.

En ocasiones, no se atreven. Hay miedo y se temen las posibles consecuencias… En especial, no ser creídos.

El maltrato psicológico es devastador y cercena vidas enteras por una razón muy concreta: viene de manos de personas cercanas, personas en las que confiamos y las que a menudo, hasta queremos.

Veamos ahora qué impacto tiene esta dimensión sobre nuestra mente y emociones.


1. Sentimiento de vergüenza y culpa

Si hay algo tan desolador como negativo es llegar a culparnos a nosotros mismos por todo lo que nos ocurre.

Hay un aspecto muy común en el que derivan todos aquellos que ven la manipulación psicológica desde fuera.

Nos referimos al hecho de pensar  aquello de que “la persona que es maltratada es porque se deja maltratar”, “que es débil porque se deja avasallar, dañar y controlar”.

Hay que ser cuidadosos con este tipo de expresiones porque la persona que sufre el abuso está sometida a un caos emocional y a una situación muy compleja de la que no es tan fácil salir.

Es común que sientan vergüenza de sí mismos al pensar cómo han llegado hasta esa situación.

Es habitual también que se sientan incapacitados para reaccionar, que se sientan solos y aislados como para poder salir por sí mismos de ese abismo personal.


2. Pérdida de memoria o sentimiento de irrealidad

Cuando estamos sometidos a un alto nivel de ansiedad, estrés y sufrimiento constante, es común que estructuras cerebrales como el hipocampo, relacionado con la memoria, pierdan volumen y conectividad.

  • La persona tiene fallos de memoria, no se puede concentrar, ni tomar decisiones con la mente clara.
  • Por otro lado, el sentimiento de irrealidad es otro factor muy común.

Es un mecanismo de defensa por el cual la mente establece una distancia de la realidad para despersonalizarla, para pensar aquello de que “esto no me está pasando a mí”.


3. Inestabilidad emocional, fuertes altibajos

Hay épocas en que uno espera que las cosas cambien, piensa que todo puede mejorar y que es posible recuperar la felicidad, la integridad y el equilibrio.

Sin embargo, al poco, llega el abismo y la recaída. Aparece la frustración, la ira, la rabia y, al instante, la desesperación y el miedo.

Es común experimentar un complejo caleidoscopio de sensaciones y emociones donde la persona es consciente de que no tiene en control de su vida.


4. El maltrato y el dolor físico recurrente

A la víctima del maltrato psicológico no la agreden físicamente, pero el sufrimiento que tarde o temprano se experimenta en el propio cuerpo duele del mismo modo.

El malestar emocional crónico termina evidenciándose en esa sintomatología tan característica como es el cansancio, el insomnio, las cefaleas, el dolor muscular y articular, las malas digestiones, las múltiples infecciones contraídas a raíz de un sistema inmunitario debilitado…

Es, sin duda, algo muy común.


5. La sensación de que “no hay salida”

La indefensión aprendida es otro síntoma habitual. La persona que sufre este tipo de maltrato llegará a pensar en un momento dado que nada de lo que haga servirá de algo.

  • A menudo, llegan a decirse a ellos mismos que ninguna palabra, ninguna acción o cambio que ponga en marcha logrará que ese maltrato se detenga.
  • Esto nos recuerda, una vez más, la importancia básica y esencial de atender de forma receptiva y sensible a toda persona que, de algún modo, nos esté dando pistas de que sufre algún tipo de abuso.

En el momento en que dudemos o pongamos en voz alta palabras como “¿pero qué me estás diciendo?”, ¿estás seguro de que te está haciendo esto o es que tú te tomas las cosas a la tremenda”?…


6. Pensamientos suicidas

En el momento en que la persona se dice a sí misma que ya no hay salida, empiezan a surgir los pensamientos suicidas. Al principio solo son súbitas ideas, deseos momentáneos.

Sin embargo, puede llegar el fatídico momento en que sea vea como la única solución al problema.

Es necesario que el entorno sea muy sensible a todos los indicadores, a las palabras, los gestos, las conductas.

Porque el maltrato psicológico, más allá de lo que podamos pensar, sí deja huellas, sí deja marcas evidentes en el comportamiento de las personas.

Seamos conscientes de estas realidades y ayudemos a quien más lo necesita.


25/2/18

Tóxicos: Traficantes de emociones [25-2-18]


Tóxicos: Traficantes de emociones

Tóxicos: Traficantes de emociones

El término 'tóxico' se ha puesto de moda pero, ¿qué es exactamente un manipulador emocional? ¿Cuáles son las herramientas que utiliza para conseguir lo que desea? ¿Sabemos realmente detectar a estas personas? ¿Y qué pasa si los 'tóxicos' somos nosotros? Para despejar estas dudas hablamos con el psicólogo Julio César Álvarez.

Ser tóxico. Separarse de alguien que es tóxico. Relaciones tóxicas, amistades, novios, novias, compañeros, jefes, empleados, hermanas, hermanos... Personas tóxicas. Acciones y sentimientos tóxicos. Mundo tóxico. El término 'tóxico' se ha puesto de moda porque es un concepto muy sencillo que ayuda a entender que algo no funciona en las relaciones humanas. "En el fondo es un reciclaje de una idea básica de la psicología. Ciertas personalidades influyen negativamente en nuestra relación con ellos: el perverso, el narcisista o el psicópata. Y, es que, en el fondo, lo que ha ocurrido es que se ha simplificado la terminología y se usan estos conceptos psicológicos para que todo el mundo pueda acceder y los entienda", explica el psicólogo Julio César Alvárez, parte del equipo de profesionales de Valenda Psicólogos.

Pero aunque hay personalidades más propensas, potencialmente todos podemos llegar a serlo y manifestar ciertos rasgos de ello, de perversos, de narcisistas o de psicópatas. "Eso no quiere decir que todo el mundo pueda ser psicópata puro –sólo entre un uno y un tres por cierto de la  población-, pero sí que hay rasgos en la mayoría. Son personas difíciles, con personalidades que tienden a manipular en sus relaciones humanas y a fomentar la dependencia emocional. De ahí la influencia negativa que producen y de ahí su influencia negativa", añade contundente el profesional.


¿Cómo se detecta un tóxico?

El problema es que la palabra se ha viralizado tanto, que a veces podemos caer en un mal uso, en tildar a la ligera el comportamiento puntual o que nosotros no hemos sabido interpretar. "El término tóxico, ayuda a simplificar, pero crea  confusión porque engloba demasiadas cosas reducidas a un único concepto, y es más complejo. Pero hay que tener claras las herramientas fundamentales en este tipo de personalidades manipuladoras emocionales: la culpabilidad y el miedo. Con aspecto sibilino van instigando con ellas lentamente. Así, generan al principio una gran apertura emocional, te recogen y ayudan, pero luego generan una 'factura emocional', para lograr una dependencia hacia ellos", apunta el experto, Máster en Psicología Clínica y Psicopatología.

Julio César Álvarez asegura que las personas sienten dependencia emocional porque los 'manipuladores emocionales' tocan la culpa si no se actúa como ellos quieren. "La persona que se siente manipulada, comienza a darse cuenta porque empieza a ver un desgaste emocional. Se siente cansada y la emoción cansa más que la actividad física".

Esta conducta puede provenir de la infancia, de la educación, de personas habituadas a conseguir siempre lo que quieren. Pero el psicólogo y escritor apunta que un tipo de relación tóxica con alguien puede tener una influencia muy negativa en las personas: "Utilizar la culpa como herramienta de manipulación puede llegar a ser muy lesivo para las personas, y tiene un componente de agresividad".


Aprender a vivir con personas manipuladoras emocionales


Otro aspecto importante que destaca Julio César Álvarez es que "los tóxicos –manipuladores emocionales como él prefiere denominarles- siempre son las víctimas". "Desconfiaría de la persona que siempre se comporta como víctima y son los demás los que la agreden y la tratan mal. Un paso fundamental sea tóxica o no, es asumir su parte de responsabilidad, porque todos la tenemos".

Acerca del consejo popularizado que recomienda alejarse de estos seres humanos, el psicólogo apunta que muchas veces no existe esa opción. "Si es tu madre, hermano, tu jefe, empleado o una persona que por un motivo u otro no puedes evitar, recomendaría mantener una relación lo más respetuosa y diplomática posible, intentando evitar cuestiones emocionales. Se debería crear una relación más aséptica sin implicación emocional".


¿Y si soy yo el problema?

¿Los manipuladores emocionales son conscientes? "Alguien que ya es consciente de que tiende a culpabilizar y a conseguir todo de cualquier manera, que las cosas funcionan bajo sus intereses, puede rectificar, mejorar y hacer ajustes, aunque normalmente no es así", asegura el psicólogo de Valenda Psicólogos.

Entonces, empezar a darse cuenta de padecer un problema tiene muy buen pronóstico. Cuando una persona detecta en su comportamiento rasgos de abusos de poder, debe trabajar personalmente, ser consciente de su conducta, lo que le ayudará a modificarla. "Hay que trabajarlo, existe formación, y también la opción de la psicoterapia. Pero quien es consciente tiene muchas posibilidades para cambiar"


Todos somos potencialmente manipuladores emocionales


A lo largo de nuestra vida todos podemos ser tóxicos. "Hay que percibir la personalidad humana como un continuo, que ni acaba ni empieza en ningún punto. No está limitada. La mayor parte de la población se sitúa en valores intermedios, otros cuantos se sitúan en extremos. Pero un rasgo siempre existe en una medida, mayor, menor o intermedia. Con los rasgos de la perversidad, el narcisismo o la psicopatía pasa lo mismo", declara el escritor.

El perfil de las personas tóxicas suele manifestarse en espiral: entre más cosas consiguen más van a manipular. "En una sociedad tan individualista, que mira por sus propios intereses, victimizada, con agresión... Es un caldo de cultivo para que estos problemas florezcan". Además, la sociedad premia estos comportamientos: les asciende, suelen disfrutar de buenos puestos, tienen a su cargo a otras personas, y esto acentúa el problema.

Según el psicólogo, tienen más riesgo de sufrir una manipulación quienes tienen una visión omnipotente de su ayuda, de que pueden auxiliar a todos. "Hay que ayudar a las personas, pero hay que saber decir que no, es una cuestión fundamental con este tipo de perfiles, aunque ellos se defenderán con la culpa, y con expresiones como 'no me quieres', 'con todo lo que he hecho por ti' y otras".

Existen varios grados, pero es un hecho que hay gente que manipula a los demás para conseguir lo que quiere y en todas las relaciones humanas: de pareja, de amistad, laborales y familiares. Aunque Julio César Álvarez defiende que todos en determinados momentos utilizamos la manipulación. "Hay un trecho hasta ser psicópata o narcisista, incluso muchas personas utilizan estos conceptos para agredir a otros. A veces el término se utiliza como un arma de doble filo, para agredir desde una posición de agredido. Aunque hay que partir siempre desde la responsabilidad y entender que en un conflicto entre dos personas las dos partes tienen parte de responsabilidad".


Existe solución


Como ya ha planteado el psicólogo anteriormente, "si una persona continúa toda su vida con un trastorno, sin sanarlo, la consecuencia que puede desarrollar, al final, es acabar dañándose a sí mismo. Freud desarrolló la idea básica de que toda la violencia que lanzas hacia afuera, al final se vuelve contra ti. Es bueno reflexionar. Los manipuladores emocionales, entre más agreden a otros más se acaban agrediendo a sí mismos, y más miserable acaba siendo su vida".