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7/12/18

¿Spaghetti o macarrones? La elección de un sociópata [7-12-18]


¿Spaghetti o macarrones? La elección de un sociópata

¿Spaghetti o macarrones? La elección de un sociópata

 Se suele dice que alguien es mejor o peor persona según sus convicciones morales y según su comportamiento se corresponde con ellas o no. La moral puede ir desde la defensa de los derechos humanos y la lucha por ellos y por la libertad, hasta la idea de superioridad de una “raza” y la consiguiente subordinación o exterminio del resto, para así lograr, sin importar los medios empleados, lo que ellos llamarían “un mundo mejor”.

Pero, ¿qué ocurre entonces con los sociópatas? Son personas sin sentimientos y que carecen de moral. ¿Esto les hace peores personas? No. Alguien es mejor o peor persona si su moral es mejor o peor, entendiendo como una moral mejor aquella que más defienda y luche por los derechos y libertades de todos los seres humanos. Pero si una persona no tiene moral, ¿qué es? Se podría decir que, debido a que carece de moral, no es una persona en el sentido moral (valga la redundancia) y emocional de la palabra o, si queremos usar un único término, podríamos llamarlos “no-personas”.

Pero un sociópata, aunque carezca de moral, es un ser con inteligencia, y por tanto comprende nuestros valores morales. Tiene libre elección de respetarlos e incluso luchar por ellos, o no. Podríamos considerar que esa elección es lo que le hace ser mejor o peor persona. Pero nos estaríamos equivocando porque, para él, la moral no tiene ningún sentido emocional y, por tanto, no es algo relevante; es decir, la causa de su elección es el mero capricho, y tan pronto puede ser un arduo defensor de los derechos humanos como decidir que va a hacer todo lo posible para tener poder y control sobre la sociedad, sin importar los medios que tenga que usar ni si tiene que saltarse uno, dos o cuarenta derechos fundamentales (de hecho, la media de sociópatas aumenta notablemente en las altas esferas con respecto al resto de la sociedad). Por tanto, para él, escoger entre una moral u otra, es como para nosotros escoger entre comer spaghetti o macarrones: no importa, porque es prácticamente lo mismo.

De vez en cuando, nos sorprende alguna noticia acerca de asesinatos brutales y, cuando vemos al culpable con un carácter increíblemente sereno e indiferente y sin remordimientos por sus acciones, pensamos: “Este es un sociópata (o un psicópata[1]). Está loco”, o algo por el estilo. Pero los sociópatas no solo cometen grandes asesinatos. Hay sociópatas en nuestros barrios; en nuestros trabajos; y el número aumenta en nuestros Gobiernos y Parlamentos y en las grandes empresas; de hecho, las personas con más rasgos sociopáticos en toda la historia no son solo personajes como Jack el Destripador, Ted Bundy o Adolf Hitler, sino también otros como el famoso (ahora más que nunca) Donald Trump.

“Hemos de conocer bien a las personas con quienes nos relacionamos, para así evitar macabros asesinatos y otros sucesos no muy agradables”. Este consejo no es correcto. Casi nunca podemos reconocer a un sociópata simplemente “conociéndolo”. De vez en cuando, alguno manifiesta abiertamente sus rasgos sociopáticos sin importarle las consecuencias, pero esas son solo unas pocas excepciones, muy pocas. Los sociópatas son tan temibles porque no los reconocemos hasta que ya es demasiado tarde. Por ello, para reconocer a un sociópata, es necesario dejar de lado las emociones y observarle objetivamente para detectar las sutilezas de su sociopatía. En cierto modo, para detectar a un sociópata antes de que actúe, hay que ser un poco sociópata.

13/8/18

Hijos de madres narcisistas y sociópatas [13-8-18]

Hijos de madres narcisistas y sociópatas


Hijos de madres narcisistas y sociópatas

Ya hemos hablado de padres narcisistas y psicópatas. En general son difíciles de detectar pero no tanto como reconocer a una madre con esas características. Las madres narcisistas y psicópatas cuentan con una ventaja adicional: la creencia popular de que las mujeres por ser capaces de dar vida automáticamente son empáticas y cariñosas. En más de un 90% de la población esto puede ser verdad (con matices, por supuesto) pero hay mujeres con desordenes de personalidad, que se autoreconocen como sociópatas o narcisistas y que aun así deciden tener hijos por diversos motivos: por tener “agarrado” a un hombre rico, por tener alguien que la cuide en su vejez, por tener más fuentes de ingreso, para disimular su doble vida o simplemente por capricho. El daño que causan estas mujeres en sus hijos es devastador porque el abuso y la erosión identitaria se prolongan tanto en el tiempo sin ser descubiertos que para cuando los miembros de la familia se dan cuenta de la dinámica perversa de la misma es probable que hayan desarrollado patologías como estrés postraumático complejo (una variante complicada del EPT), fobias, depresión, etc. Después de todo el narcisista o sociópata repitió este ciclo de abuso con sus hijos millones de veces desde su nacimiento y desarticularlo se vuelve complicado.

Las madres narcisistas puede clasificarse en controladoras, o sea, las que quieren dominar todos los aspectos de la vida de sus hijos; o en negligentes, aquellas que abandonarán sus funciones de madre negando contención emocional. Las madres narcisistas con un perfil más controlador tratan de sesgar todos los vínculos de sus hijos con personas sanas para que crean que esa realidad que viven a diario (triangulaciones con sus hermanos o familiares, castigos verbales o físicos cuando no hacen lo que el narcisista decide que hay que hacer, silencios prolongados para forzar un cambio de actitud) es lo normal y no se puede cambiar. Llegan a hablar mal de sus hijos frente a amigos o familiares para aislarlos. En otras ocasiones, cuando la madre tiene un perfil más negligente, pretenderá que sus hijos se hagan cargo de todas las cuestiones de la casa y del mundo adulto para que ella pueda dedicarse a la diversión y el ocio. Sin embargo, cada tanto montará alguna puesta en escena para exhibirse como una madre dedicada frente a los demás. En ambos perfiles de madres, cuando la niña o niño comienza a darse cuenta de que algo está mal e intenta poner distancia, utilizarán la culpa para hacerlos volver a su centro de locura y control.

El curso de acción para comenzar a tratar el abuso narcisista es la reducción o eliminación del contacto; sin embargo, muchos miembros de familias narcisistas se sienten culpables de hacer esto y terminan abandonando la terapia.  Además muchos otros familiares que no logran aceptar que hay algo mal tienden a culpabilizar a la verdadera víctima sumiéndola en la disonancia cognitiva y en la inacción. Lamentablemente esto sucede por la falta de información que hay sobre estos desórdenes.

Una psicoterapeuta que aborda el tema, pero más bien centrándose en la relación madre narcisista-hija mujer, es Karyl McBride en “Madres que no saben amar”. “Esta casa no será nunca lo que tú quieres que sea”; “no importa lo que te esfuerces, tu cuerpo nunca será perfecto”; “siempre fuiste una retrasada en matemática, ahora eres negada en economía”; “no te das cuenta que eres una fracasada, cómo quieres que te quieran”. Las consecuencias del actuar de esa madre serán que la hija esté siempre cuestionándose, nunca sienta que lo ha hecho suficientemente bien, ni que merece ser reconocida. Según esta autora el narcicismo de las madres daña más a las hijas que a los hijos. Esto sería porque la madre ve en su hija una extensión de sí misma en lugar de una persona independiente. Esto no siempre es así. Las madres narcisistas y psicópatas siempre eligen a un “favorito” y a “chivos expiatorios”. El género no es la variable principal para ocupar esos roles perversos que la madre diseña sino la utilidad que sus hijos puedan tener como suministro (“niño favorito”) o la capacidad de ver detrás de la máscara de su madre (chivo expiatorio).  La autora explica de forma excelente sus rasgos característicos:

  • Tienen una idea grandiosa de su propia importancia, es decir, exageran sus logros y talentos y esperan que los otros se los reconozcan.
  • Están obsesionadas con fantasías de éxito, poder y belleza ilimitado.
  • Creen que son especiales y únicas. Desprecian al resto porque son tontos o insulsos.
  • Requieren una admiración excesiva.
  • Creen que están en su derecho de recibir un trato especial.
  • Son explotadoras interpersonales o sea se aprovechan de los demás para alcanzar sus metas.
  • Carecen de empatía; no están dispuestas a reconocer los sentimientos y necesidades de los otros.
  • Con frecuencia envidian a otros y creen que los otros las envidian.
  • Muestran arrogancia, actitudes o modales altaneros.
  • Sus necesidades están primero.
  • Fingen ser buenas madres y buenas esposas pero en la intimidad maltratan, triangulan, abusan a sus más cercanos. Muchas son promiscuas pero logran que pocos sospechen.

Con características así es difícil que una hija o hijo logre una conexión especial con su madre y las consecuencias no se dejan esperan: esa hija tratará bajo todos los medios de ganarse el amor de su progenitora, obtener su atención y nunca sentirá que es capaz de complacerla. Y el daño se va expandiendo, porque esa madre siempre pondrá sus opiniones por sobre la de sus hijos, nunca los apoyará para que sean independiente, y toda la familia girará en torno a ella. Si uno pregunta ¿dónde está el padre? La respuesta evidente es que ese esposo también gira en torno a la madre, porque una narcisista necesita un cónyuge que le permita ser el centro de atención si se desea que ese matrimonio sobreviva. A menudo estos padres están totalmente sobrepasados y les piden a sus hijos que “aguanten” las peculiaridades de la madre para evitar tensión y drama. En la mayoría de los casos, esa hija o hijo en su adultez será muy autoexigente, vivirá permanentemente en guardia y no velará por su propio cuidado. Es más, tenderán a buscar la aprobación que nunca tuvieron y se convierten en blancos atractivos de parejas narcisistas o sociopáticas.

La buena noticia es que este daño se puede reparar y esto pasa por tomar conciencia del problema, aceptar que esa madre mentirosa e insensible nació así y no va a cambiar aunque ella o él le brinden amor incondicional como hijos, no culparse, separarse de ella, vivir el duelo, buscar ayuda profesional y tener la certeza de que no va a repetir las conductas de su madre porque, a diferencia de su progenitora, el hijo o la hija sí tienen empatía.  Un libro que recomendamos para aquellos que no solo sufrieron la manipulación y el abuso psicológico típico sino también maltrato extremo como golpes físicos o ataques sexuales (las madres narcisistas negligentes suelen traer a sus múltiples parejas a la casa y no prestan atención si estos hombres abusan de sus hijas) es el de la Dra. Judith Herman “Trauma y recuperación”. No es un libro fácil en el sentido emocional ya que los relatos son crudos pero sí es revelador y brinda esperanzas aún para personas sobrevivientes de madres y padres psicópatas sádicos. Es recomendable tanto para víctimas como también para terapeutas que se quieran especializar en sobrevivientes de violencia doméstica y abuso sexual. Divide el proceso de recuperación en tres partes: establecer seguridad y empoderamiento en el paciente; duelo y revisión del pasado (esto se hace luego de brindarle contención y seguridad para que no se descompensen); y por último la reconexión con una nueva vida y con vínculos que le brinden seguridad. El libro de Herman merece ser tratado con exhaustividad en una próxima entrada sobre recuperación del estrés postraumático pero no queríamos dejar de mencionarlo ya que entiende que el abuso de un niño, cuyo su psiquismo está en desarrollo y es una arcilla demasiado moldeable, es uno de los más terribles, más aun que el que sufren las parejas de personas con psicopatía o narcisismo. Asimismo, incluye muchas técnicas terapéuticas de interés para investigar y elegir el tratamiento que le parezca más conveniente.

9/7/18

Cómo distinguir entre los psicópatas y los sociópatas [9-7-18]


Cómo distinguir entre los psicópatas y los sociópatas

Cómo distinguir entre los psicópatas y los sociópatas

Los sociópatas y los psicópatas tienen en común diversos rasgos peligrosos y perjudiciales para los demás, por lo que a veces es difícil distinguir entre ambos tipos de personalidades. Actualmente, tanto la psicopatía como la sociopatía forman parte del diagnóstico del trastorno antisocial de la personalidad, pero de todas formas es posible distinguir una de la otra.


Parte 1 Identificar a un psicópata


1 Presta atención a las causas biológicas. En general, se cree que la psicopatía tiene una relación más estrecha con la genética que la sociopatía. Por tanto, una forma de distinguir entre ambas es buscando rasgos que la persona tenga en común con sus hermanos, padres o abuelos.

  • Si no encuentras rasgos de psicopatía en el resto de la familia, esto podría ser un mayor indicador de sociopatía, mientras que, si encuentras muchos otros parientes con rasgos similares, esto podría ser un mayor indicador de psicopatía.

2 Identifica los comportamientos manipulativos. Por lo general, los sociópatas tienden a no ser tan manipulativos como los psicópatas. Estos últimos pueden proyectar una imagen encantadora y adorable para los demás y minimizar sus actividades ilegales o criminales de forma que aparenten llevar una vida normal.´Los psicópatas suelen emplear la dulzura y los comportamientos prosociales como una herramienta para obtener lo que quieran.

  • Por ejemplo, pueden evitar responder directamente a las preguntas que se les hagan, culpar a los demás por su comportamiento o idear historias complejas para librarse de la responsabilidad por un determinado suceso.

3 Presta atención a la ausencia de empatía. Los psicópatas pueden ser muy encantadores sin sentir empatía hacia los demás. Por lo general, son incapaces de forjar relaciones verdaderas o vínculos emocionales con los demás. Por ejemplo, un psicópata podría casarse y formar una familia, pero lo más probable es que en ningún momento muestre un afecto genuino hacia ellos sino que haya aprendido a fingirlo.

  • También es posible que los psicópatas no comprendan del todo las experiencias emocionales de los demás, como, por ejemplo, las razones por las que una persona podría encontrarse alterada o las diversas emociones que una persona puede experimentar.

4 Presta atención a la capacidad de la persona para vivir una vida "normal". Por lo general, los psicópatas tienen trabajos estables y reciben una buena educación, así como también pueden formar familias y entablar relaciones sentimentales con otras personas sin revelar sus tendencias hacia la psicopatía. También es probable que los síntomas de la psicopatía sean menos notorios en aquellos que lleven vidas "normales" y que estos síntomas solo salgan a la luz en sus interacciones personales o relaciones familiares.

  • Por ejemplo, si una persona tiene un empleo regular, sus conocidos o colegas no sospecharán de su psicopatía sino simplemente pensarán que es "diferente" de los demás.

5 Observa si la persona tiende a prestar mucha atención a los detalles. Por ejemplo, en el caso de los crímenes cometidos por psicópatas, estos suelen llevarse a cabo de una forma muy calmada y los detalles suelen estar planificados meticulosamente, con un alto nivel de organización. Por tanto, los psicópatas tienden a ser buenos estafadores, ya que tienen la capacidad para mantener la calma, ser meticulosos en todo lo que hacen y mostrarse carismáticos ante los demás.

  • Por ejemplo, un psicópata puede planificar robos de autos, dinero u otros objetos de valor de una forma muy calculada y ejecutarlos sin ningún tipo de complicaciones.



Parte 2 Reconocer a un sociópata


1 Identifica las señales de abuso. Como se mencionó anteriormente, la causa de la psicopatía tiende a ser genética, mientras que los sociópatas suelen desarrollarse a partir de su entorno. Por ejemplo, si una persona se cría en un hogar o comunidad abusivo, violento o caracterizado por el abandono, podría convertirse en sociópata. En estos casos, los rasgos de la sociopatía suelen desarrollarse como un mecanismo de defensa ante las duras condiciones durante su crecimiento.

  • Es mucho más probable que un sociópata tenga una infancia traumática en donde haya tenido que adaptarse a condiciones duras a que este sea el caso para un psicópata.

2 Presta atención al comportamiento agresivo.
Los psicópatas tienden a ser sociables y encantadores y a comportarse de una forma calculada, mientras que los sociópatas tienen una mayor tendencia a la agresividad, la ira y la temeridad. Asimismo, es más probable que sean violentos y que tengan más estallidos emocionales, a diferencia de los psicópatas.

3 Presta atención a las tendencias erráticas. Los sociópatas tienen una mayor tendencia a la temeridad sin considerar las consecuencias de sus acciones y a actuar de forma descuidada y errática, mientras que los psicópatas son más meticulosos y piensan más detenidamente en los detalles. Los sociópatas por lo general no consideran ni anticipan los posibles resultados de una acción determinada. Por ende, les es más difícil tener empleos estables y recibir una buena educación, por lo que suelen ser marginados sociales, mudarse con frecuencia y cambiar rápidamente de un empleo a otro.

  • Por ejemplo, si un sociópata quiere robar un banco, puede decidir hacerlo un día de buenas a primeras sin mucha planificación, mientras que un psicópata planificaría un crimen "perfecto" durante semanas o meses.

4 Presta atención a la empatía. Los sociópatas tienen una mayor capacidad que los psicópatas para experimentar empatía y culpa, así como también para entablar relaciones sociales y románticas. Por ejemplo, un sociópata puede sentir remordimiento por herir a una persona cercana a él a pesar de no tener ningún problema con hacer lo mismo con un desconocido.



Parte 3 Examinar las similitudes



1 Comprende en qué consiste el trastorno antisocial de la personalidad (TAP). Este trastorno abarca tanto a los psicópatas como a los sociópatas. Si un psicólogo o terapeuta identifica tres o más de los siguientes rasgos en el paciente, lo más probable es que proceda a diagnosticar el TAP:

  • problemas legales constantes
  • tendencias a las mentiras y los engaños
  • muestras de violencia o agresividad
  • falta de consideración por la seguridad o el bienestar de los demás
  • irresponsabilidad en cuanto al dinero, el empleo o el estilo de vida
  • falta de remordimiento o culpa ante los comportamientos destructivos o perjudiciales

2 Reconoce la prevalencia y las características compartidas entre ambos tipos de personalidad. Los hombres suelen padecer el TAP con mayor frecuencia que las mujeres y este trastorno también es más prevalente en los ámbitos forenses (como en las cárceles). Asimismo, las personas a las que se les haya diagnosticado el TAP comúnmente tienen problemas con el abuso de sustancias o el alcohol.

3 Presta atención a las señales durante la infancia. En algunos casos, el TAP se manifiesta en la infancia, como mediante la agresividad hacia las personas y los animales, las mentiras constantes, la destrucción de la propiedad y los problemas legales. Si se detecta alguno de estos rasgos en la infancia, a este diagnóstico se le conoce como trastorno de la conducta.

Los niños que padecen este trastorno tienden a ser difíciles y propensos a romper las reglas tanto en casa como en la escuela.

2/4/18

El sexo con sociópatas, narcisistas y psicópatas integrados [2-4-18]


El sexo con sociópatas, narcisistas y psicópatas integrados.

El sexo con sociópatas, narcisistas y psicópatas integrados.

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Los narcisistas y aún más los psicópatas integrados exhiben un comportamiento sexual totalmente desbordado y promiscuo. En algunos casos solamente se involucran con varias parejas sexuales en paralelo que desconocen la existencia de las otras, en otros además de esto, buscan estímulos en fiestas sexuales de lo más diversas, practicas sadomasoquista y sexo con menores. En todos los casos consumen mucha pornografía, en ocasiones violenta.

No debemos confundir la falta de límites en su sexualidad como simple donjuanismo o una adicción al sexo. Nada más lejano de la realidad. Un mujeriego es aquel que suele tener una pareja estable a la que quiere pero su gusto por las mujeres lo lleva a tener esporádicamente alguna aventura. Sabe que está mal lo que hace, se siente culpable, y no maltrata ni  triangula a su esposa o a su amante. Un adicto al sexo es alguien que tiene muchos conflictos internos no resueltos y los tapa con sexo, así como otros los tapan comiendo o bebiendo en exceso, fumando o utilizando algún tipo de sustancia. Podríamos decir, simplificando, que “anestesian” situaciones dolorosas con estos comportamientos adictivos. El narcisista, sociópata o psicópata NO SIENTE DOLOR, nada lo estresa, nada le produce ansiedad o tristeza por lo tanto no necesita usar sustitutos momentáneos para lidiar con problemáticas emocionales irresueltas.

La sexualidad es para ellos, por un lado un medio de diversión, de “sentir” algún tipo de emoción que alivie su vacío emocional. Por otro, es un arma de control de sus parejas.  Para ellos las demás personas son objetos, extensiones de sus cuerpos, meros juguetes eróticos.  No hay profundidad emocional, ni verdadera intimidad. Las relaciones con ellos son totalmente impersonales, una especie de masturbación a dúo.  Sin embargo logran convencer a sus parejas de que el sexo con ellos ha sido el más intenso de sus vidas. En realidad esto no es más que una ilusión óptica. Son muy hábiles usando todo tipo de fuegos de artificio y escenografía para crear una idea de buen sexo. Es solo parafernalia. Cuando el tiempo pasa y la persona abusada logra ver hacia atrás se da cuenta que, ni técnicamente, ni emocionalmente el sexo era bueno sino un gran montaje de acrobacias y pirotecnia.

El placer que ellos obtienen del sexo sin límites no es solo la descarga física, sino saber que están engañando a varias personas al mismo tiempo y que todas ellas creen que son únicas, especiales, como nunca lo fueron. Tienen predilección por las personas casadas o en relaciones estables ya que no solo se burlan de ellas sino de sus cónyuges. Otra fuente de placer extremo  es quebrar los gustos y comportamientos sexuales de los demás. Tratan de manipular a sus parejas para que prueben tríos y sexo grupal, o usen algún tipo de sustancias durante el sexo. Para lograrlo cuentan historias de que fulano o mengano lo hace desde siempre (alguien que tú admiras. Por supuesto esto no es cierto pero no tienes forma de corroborarlo), o te dirán que todo el mundo lo hace y que tú eres un pacato/a aburrido/a. Muy pocas personas se dan cuenta que están usando una de las técnicas más antiguas de engañar y lavar el cerebro, tan antigua que hasta tiene un nombre en latín argumentum ad populum (los sociópatas son versados en falacias de todo tipo tu quoque, ad hominem, etc.)  Cuando logran traspasar los límites normales de las personas sienten la euforia de la victoria. Sus parejas, en cambio, no están cómodas, lo hacen por darles el gusto, por “amor”. Cuando finalmente el psicópata o narcisista las cambia por un modelo nuevo quedan solos, sintiéndose vejados y usados (porque cuando accedes a practicas sexuales bajo presión  o engaño es  lisa y llanamente una violación) y si consintieron el uso de ciertas sustancias es probable que además de tener que resolver el caos emocional que estos seres oscuros dejan en sus vidas, tengan que recuperarse de una adicción o mal hábito.

Es difícil pensar con claridad cuando el psicópata  ha logrado introducir necesidad química y emocional en tu cerebro. Realmente crees que estas en una relación apasionada y distinta, tratas de desestimar las señales que ves, incluso le perdonas infidelidades pensando que después de todo nunca habían hablado de tener una relación exclusiva. Aclaremos esto: los narcisistas y psicópatas JAMAS permiten una relación abierta, TÚ no puedes estar con otras personas, solo ellos. TU les perteneces, necesitan engañarte. (Una relación en la que ambas partes se ponen de acuerdo sobre las conductas sexuales a adoptar tiene un grado de honestidad que ellos detestan). En el caso de las mujeres, muchas abandonan a sus parejas cuando descubren pornografía infantil en sus ordenadores o temen conductas inapropiadas  para con sus hijas. Ese parece ser el punto de inflexión, el momento de asco insoportable. En el caso de los hombres, las repetidas infidelidades son la señal de alarma de que es momento de tomar coraje y dejar de ser su títere.

Cuando rompes con ellos (o ellos te dejan cruelmente) comienza un viaje tortuoso hacia la liberación. Los tres primeros meses vas a padecer todos los síntomas clásicos de abstinencia. Tienes que estar preparado para lidiar con ellos. Entiende que el “CONTACTO CERO” es la base de toda recuperación exitosa. En este blog tienes otras entradas con consejos prácticos para superar los momentos en que a pesar de saber que es la persona más vil de la tierra, tu cuerpo lo extraña.

Te aseguramos que en unos pocos meses habrás superado esa urgencia. En aproximadamente un año la tristeza irá cediendo. La ira tardará un poco más. En dos años no te importará nada de él/ella, ni con quién esta o si lo ha alcanzado un rayo. Una cosa más: se compasivo contigo mismo/a. Si hiciste cosas por amor de las que ahora te arrepientes, recuerda que fuiste ingenuo, que no fue tu culpa, recupera los límites que te hagan sentir cómodo/a y sigue adelante con la cabeza bien alta.